7/15/09

Cierto corpus

La literatura es un atraco a mano armada, con los calzones abajo

La literatura es la suma y la resta y la falta de acierto

La literatura es la luna en cuarto menguante y la loca de la casa

La literatura le patea los cojones al sumo pontífice de la sagrada mierda

La literatura es una venta de bisutería y los peniques olvidados en la calle

La literatura es el cuento de cuna que la abuela le contó al lobo

La literatura es la hoja en blanco y la puta que la parió

La literatura es un haikú de 666 páginas con notas al pie e índice onomástico

La literatura es la justificación de la rueda en la locomotora de Zenón

La literatura le quita el aliento a un colibrí y se lo pone a un sillón

La literatura nos pinta la cara con relojes de arena con o sin tiempo

La literatura es una manada da búfalos persiguiendo su flecha

La literatura es el polo opuesto de la punta del iceberg y al revés

La literatura es tres veces Macchu Picchu detrás de la sombra de Plutón

La literatura va de la a A la Z y del cero, que es un infinito, al infinito

La literatura me recuerda que tengo que bombardear una rutina

La literatura es la fotografía de un accidente fatal que nunca ocurrió

La literatura es un vaso de ron en un confesionario y todos muertos

La literatura es como Don Quijote sin Sancho y persiguiendo muchachos

La literatura nos transporta en un tren con gente apestosa sobándose todo

La literatura es el callejón sin salida en el que se prodigan palabras secretas

La literatura es la faz de la tierra una bocanada de humo y un no sé qué

La literatura es el agujero negro, padre y señor nuestro del arco iris

La literatura es el amor que no sabe hacia dónde van las flores absolutas

La literatura es una olla de papas sin sal y con todo el hambre por delante

La literatura es el lente en el que se refleja la paz del silencio entre los pinos

La literatura es el pájaro romántico tirándole a las piedras

La literatura es la madre de todas las vergas y el hijo pródigo

La literatura es tan sólo la literatura sobre la literatura y todo lo demás y lo de menos

6/23/09

Estas imágenes y estos desiertos

Estas imágenes y estos desiertos. Un amigo perdiendo una mano de poker. Aunque te entregues al sueño las columnas dóricas seguirán cayendo en ruinas. No hay Atlas que nos resista. Estas imágenes de plomo líquido caen como lágrimas. No es la soledad, es la mala compañía tu angustia. Saber valorar los intermezzos y de vez en cuando un gesto de rabia o de risa. Una piedra en la garganta o una caricia en tu pecho. Y voy contando el número del desespero. O una moneda en caída libre o una hoja estancada en tus venas. Como un insecto devorado. Como una niña que dice adiós en el umbral de un tunel. Así la noche entre estos árboles. Así la noche. No obstante el entusiasmo en la mirada, mi amigo seguirá lejano, mi traje favorito en el ropero, mi naipe y mis canicas bellolindas buscando las manos de un niño ausente. Todo, todo como una historia irreparable. Perseguido el corazón del loco una cruz marcará la frente del desdichado. O si no que lo tiren al río desde el puente más alto. No basta la indiferencia. Se emprenderá de todos modos la partida. Se irá en el bus de las 3. Rumbo incierto. LLegada indefinida. Los asuntos del viaje se planearán de ida. (Pero esa caricia en tu pecho es la única promesa). Así se caiga todo, todo en pedazos, como los gestos de ese loco. Como las lágrimas el plomo de tus ojos. Estos desiertos, cortados en líneas decadentes. El amigo y el péndulo que erigió en su cuello al vaivén de la tarde. La hoja entre la savia y el veneno. Y este suelo en el que caen palabras como frutas podridas.

6/8/09

Cuentos de cuentos

Hoy, en la presentación del libro de relatos breves, Habitantes de mi tiempo, de nuestra contertulia Rebeca Gómez Galindo, alguien dijo lo siguiente como introducción a la lectura que la autora hizo de su cuento "Brote de flores":

Contar es tan antiguo y emotivamente necesario como inventar, que otros dicen mentir. Es el dulce artificio del engaño, o más exactamente, del ensueño.
Adán lo supo el primero y pagó duramente --pagamos todavía-- su ilusión. Como Adán todo narrador inaugura mundos contra la dura presencia de la realidad y bajo el ceño torvo, envidioso, del demiurgo. No son los dioses aficionados, ni aceptantes, de las historias y cuentos de los humanos, pobres criaturas que, angélicamente dotadas de palabra, se salvan del horror de lo evidente a pura fuerza de voz: a gritos y susurros.
Susurra y guarda en la garganta el grito la voz que narra el cuento “Brote de flores”. Todas las voces, una misma, de los varios habitantes del tiempo de la autora, hacen lo mismo: susurrar sosteniendo el grito. El uno—el susurro--sugiere al otro y lo redime. En su decir encantador de cuenta cuentos—ensoñador mentiroso--el narrador hace de ese clamor de adentro una belleza sorprendida y conmovedora. Y todo por arte de voz y cuento. Arte el de narrar que a la vez nos dice que es todo fantasía y todo realidad.
Callan los dioses, resentidos de la piadosa mentira, impotentes ante el poder de la palabra. Impone el narrador sobre la ira la nostalgia de la estirpe humana. Estirpe desterrada.
El que escucha y lee así lo entiende aunque no siempre lo sepa.

6/6/09

El misterio de escribir

¿Cuál es el propósito del escritor? ¿Es que existen varios tipos de escritores? ¿Qué es escribir? ¿Para quién se escribe? ¿Por qué escribimos?

Estamos viviendo tiempos en que la tecnología permite a los interesados saborear cierto tipo de reconocimiento. Videos en la red, del loro bailarín, la joven suicida tras la incesante burla de sus compañeros, o el escritor por hoy, quizás más vendido, quién repitiendo fórmulas busca entretener sin motivar al lector a interiorizar y buscar nuevos caminos. Es el tipo de escritor que procura distracción banal, y momentánea.
Pero también, están otros escritores que a través de los siglos han sobrevivido los embates del tiempo, algunos que recibieron reconocimiento en vida, y otros que lo recibieron después de muertos. Escritores que a través de las letras incitaron al lector a que cuestionara su existencia y lo que le rodeaba. También, están los escritores del grupo de los olvidados, que en su momento como todos los demás construyeron caminos, y siguen aún después de su muerte, tocando fibras sensibles. Hoy día, también hay escritores que van por senderos nuevos planteando ideas no escuchadas con anterioridad. Escritores que incitan a las masas a interiorizar sus realidades y buscar el cambio. Un cambio donde estén presentes la libertad, solidaridad y justicia.


Para escribir hay que leer, hay que saborear los libros sin lineamientos, hay que profundizar e interiorizar lo que el escritor trata de decirnos. Hay que buscar el mensaje detrás del relato.
Escribir es denunciar lo incomprensible, lo inaceptable. Escribir es esconder detrás de la cortina el mensaje que se quiere llevar al lector. Escribir es también a través de la obra entretener sin dejar a un lado lo antes mencionado. Escribir es calmar la sed de justicia y es incitar al mejoramiento de la sociedad.


Para el escritor, escribir es tan indispensable cómo respirar. Escribir es la sangre que corre por sus venas. El escritor vive para escribir ya que sin la facultad de hacerlo no tendría vida.

María Gabriela Madrid.

5/17/09

Una autora de Labrapalabra

http://www.latinoteca.com/content/app-information/hit-list-to-hit-shelves-soon


Aunque este enlace lleva a una página en inglés, idioma que en Café Labrapalabra no suele oirse, es de interés porque entre los textos del libro que promueve está el de una de nuestras autoras, Bertha Jacobson, cuyo cuento "Las babuchas de Su Santidad" está en Labrapalabra

http://flan.utsa.edu/labrapalabra/labrapalabra%206/cuento.html