2/6/10
"Fortune Cookie"
He cenado bien --escribe Don Baruj en su libreta de bolsillo--y estoy satisfecho. Digo mejor, contento. Parto mi "fortune cookie" y no trae el papelito de la pitonisa. Nada: vino huero. Esto también debiera significar algo. No me como los pedazos vacíos porque son pura azúcar.
1/7/10
Nuevo enlace
Acabamos de añadir un nuevo enlace a los poquísimos que hasta el momento hemos tenido en este sitio. Échele ojo. Se trata de una revista literaria y cultural producida en Canadá que seguramente les interesará a los visitantes de este café que quiere ser literario, encuentro de contertulios.
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Cañasanta,
Revista literaria cultural
12/18/09
Una entrevista con Rebeca Gómez Galindo
En la Feria del Libro de Guadalajara, a Rebeca, colaboradora de Labrapalabra la entevistaron varios periodistas. Aquí tienen el enlace para una de esas entrevistas:
http://poderato.com/elfaro/un-podcast-al-faro/habitantes-de-mi-tiempo-de-rebeca-gomez
http://poderato.com/elfaro/un-podcast-al-faro/habitantes-de-mi-tiempo-de-rebeca-gomez
11/12/09
Papeles vanos

A don Baruj nadie lo lee. Más que escribir, él habla a solas. Con eso se entretiene porque ni él mismo sabe lo que le vendrá a la mente, o a la pluma, en el momento siguiente. Se sienta en su mesa del café, saca su libreta del bolsillo y la pluma que ese día eligió de entre tantas para traer consigo. Se pone a escribir y puede estarse en eso parte de la mañana, balbucenado las sílabas de su caligrafía cada día más dificultosa jeroglífica. "Un día de estos", dice entre risitas cortas de humor cansado, "ni yo mismo voy a entender lo que he escrito. Lo que no está tan mal, después de todo". Desde que nadie le hizo caso a su libreta olvidada en el café se ha vuelto un poco más locuaz e irónico.
10/24/09
Don Baruj escribe

En su cuaderno Don Baruj escribe: ¿Qué hora sería cuando me quedé dormido? No lo sé, pero ahora son las 6:05 en mi reloj. No puedo haber dormido mucho --siento todavía el sabor del café en la boca--, si bien soñé largo y entretenido. No recuerdo absolutamente nada de lo que soñé. Está recién empezando a oscurecer y todavía puedo escribir junto a la ventana. Como cuando empecé a escribir, en la pieza del fondo, la que daba al atardecer con sus enormes eucaliptos a contraluz del horizonte y la vieja carretera serpenteando cerro arriba, como buscando lo desconocido. Habrá sido esa ventana de la tarde la que me habituó a la nostalgia de esta hora y a la ilusión de la escritura.
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