2/3/25

Diálogo digital


---Al café se viene a platicar---reclama uno de los
contertulios de siempre,

el de los comentarios agrios, al ver cómo en una de las mesas ocupadas

tres muchachos ---muchacha una de ellos--- están enfrascados cada uno

en su teléfono celular, sin prestarle atención alguna a sus compañeros.


---Se escriben mensajes--- le explica quien tiene nietos y sabe de las cosas de ellos--- para dejar constancia imperecedera de lo que conversaron.


---Lo nuestro, en cambio, apenas dicho, se pierde en el silencio.







28/2/25

Aguas torrenciales


Cuando llueve así de duro, como llovió hace un par de días, con persistencia de diluvio bíblico, piensa Don Baruj---desde la protección del techo seguro y de los muros bien fundados del café---en la ciega fuerza de la naturaleza que de un mismo golpe tanto crea como destruye, tanto fecunda como mata.

E imagina cómo, cuando la lluvia torrencial y sus riadas destructoras finalmente cejan, llevada la tormenta por los vientos más allá del horizonte, brilla otra vez soberano el sol sobre el lomo graso de la tierra empapada de aguas donde la semilla se ha hundido y espera, como ungida, germinar y dar renuevos en primavera.

Piensa también, Don Baruj---siempre atento a lo dolido---cómo, más allá de los montes recién blanqueados de nieve por la tormenta, los nubarrones de las aguas nutricias se desbandan en el aire reseco y arde el desierto enjuto bajo el sol implacable. Ese duro, admirable territorio en que también, contra toda sequedad, se dan las flores, pertinaces.



10/2/25

Rumores equivocados



---Dicen que era un santo, pero a mí me consta que no lo era.

No dijo más, después de disculparse de haber hablado de más.

Pero el daño estaba hecho. 

Las palabras, aunque parezca que se disuelven en el aire, tienen un poder extraordinario de expandirse en el espacio y perpetuarse, como esporas prontas a reproducirse en cualquier momento en que se den las condiciones ideales para el chisme. 

El verde, vigoroso helecho de intrincada fronda que es la mala palabra dicha como al pasar.

No tardó mucho en confirmarse que el mentado santo era, como lo había dicho quien lo conoció, un bribón y un sinvergüenza. 

Por respeto al acusador no se entró en los detalles de las confirmadas bellaquerías.


8/2/25

Cantinelas de la tertulia

---Una forma es ésta, inofensiva y digna, de pasar el tiempo---se defiende quien convocó la tertulia de los amigos que van quedando y mantienen todavía su condición de organismos semovientes.

---Un modo inane de perder el tiempo---especifica el cínico del grupo, a quien lo respalda con su comentario aún más insolente el malhumorado:

---Más bien un desperdicio de lo ya desperdiciado.

---A estas alturas va dando lo mismo que sea pérdida o desperdicio.

---Lo mismísimo mismo---se ríe el que suele reirse demasiado.

Y como en una competencia de ingenio oscuro, de postrimerías, va cada cual añadiendo su frase de certera sabiduría.



---Dejar que el agua corra es lo que hacemos.

---La que en su caudal nos lleva . . .

---. . . Hacia la mar, dijo un poeta.

---Corre igual el agua, vaya limpia o sucia.

---Turbias son las aguas en que hemos navegado. Son un engaño de la ilusión las aguas cristalinas.

---Traslúcidas o turbias, da igual que el río lleve piedras o nos las lleve. 

---Tiene un modo inspirador de hacer llorar---susurra para sí mismo el pesaroso, sin darse cuenta de que así le pone fin a la cantinela---el murmullo de las aguas. 

---Hablemos de otra cosa---proponen simultáneamente al menos dos del grupo y todos se ponen inmediatamente a hablar al mismo tiempo de lo primero que se les viene a la cabeza.

4/2/25

Metafísica a la hora del té


                                         “[This book] inquires about the world’s meaning. It attempts to do unlicensed metaphysics in a tea cup.” Annie Dillard. Living by Fiction.

                                      "Animals . . . live in the physical world, the world of things, while humans live both there and in the metaphysical world, the world of ideas."


Buen lugar es, a esta hora de la tarde, este salón de té para sentarse a pensar por pensar, sin consecuencias, lo que a uno le viene a la mente pensar y lo que a nadie más la importa. 

La taza de té, inspira y calma.

Dicta el monismo materialista la exclusividad de la material y con ello niega toda posibilidad de una segunda naturaleza—algo así como la otra cara de la moneda—de lo existente. La materia basta: se basta a sí misma y en sí misma se completa--lo es todo—sin necesidad de trascendencias ni alquimias espirituales, sin un empíreo de potencias que la postulen.

Es materia el universo, materia el átomo y la galaxia; materia el mundo y materia quienes lo habitamos. 

Desde siempre, sin embargo, la mente humana—esa función de la materia biológica—ha sentido de otra manera y ha pensado—como quien intuye lo que le conviene—que no es posible que no haya un espíritu, anterior y ajeno al orden de las cosas materiales, que informe el ser con el vendaval de la voz generadora, el vozarrón de la deidad: aliento generador del verbo, el fiat lux que lo explica todo. 

Nace así, en contra de la evidencia de los sentidos, el sinsentido del otro mundo, el reino escondido al que aspira el alma, ente inverosímil por invisible e intáctil, inodoro silencio de la lengua insípida. Desde ese alumbramiento febril de una fe inventada por la esperanza el ser humano se concibe a sí mismo como inmortal, infinitamente superior a la materia que sabe perecedera.

Concepción ésta—y sus múltiples consecuencias—perfectamente aceptable y comprensible desde la condición del cerebro humano y su capacidad generadora de abstracciones. Al aporte de los sentidos el cerebro añade algo más que el simple reconocimiento de la realidad concreta, algo que hace de ésta, de su contingencia, algo más que un fenómeno físico: le otorga trascendencia, es decir una existencia inmaterial, una esencia puramente conceptual.

Y es esta invención de la mente humana la que se impone desde los orígenes de la autoconciencia, la que se descubre a sí misma y se horroriza de su fugacidad de fenómeno mental de un ente material constreñido a las leyes de lo vivo y su materia. Es a partir de entonces, del momento en que se cerraron con estrépito indignado las puertas del jardín de la pre-conciencia de sí misma que le dió comienzo a la especie humana que, a la realidad natural le adjunta y le impone una realidad conceptual: la creada no por el espíritu sin nombre, sino por su encarnación en la mente humana.

Vivimos desde entonces en el mundo creado por nosotros mismos, el mundo de los deseos y la fantasía; un mundo aparentemente real pero esencialmente conceptual: una invención que pertenece a la mente y en la mente se perpetúa.

La humanidad misma no es más que un concepto materializado en parte por la multitud. Concepto es también el individuo y la democracia, el pueblo y la anarquía, el bien y el mal, los ángeles y los demonios. Conceptos son la propiedad y el despojo, la justicia, la honradez, el odio. Son componentes de nuestro mundo, de nuestra realidad, la concebida por nosotros mismos, auténticos demiurgos.

A esta realidad creada por la mente humana pertenecen el alma y dios, la ilusa vida eterna del espíritu, el amor que redime y cuanta filosofía y cuanto dogma definen y determinan lo que se cree es la verdad.

Y a esta misma realidad que la especie ha creado y recrea a diario para su satisfacción y consuelo pertenecen también una infinidad de elementos materiales, objetos que solo han podido realizarse como concepciones de la imaginación, como concreciones de una idea. Se trata de la realidad concreta producida por la creatividad humana: desde el techo precario de la primitiva tribu nómada hasta la espectacular belleza de la arquitectura actual, toda construcción humana existe solo en cuanto fantasía e invención.

Un silla cualquiera, el puñal, la cerveza, todos los libros (página a página), cada una y todas las botellas, un portaviones y los aviones que porta, el croissant, las tachuelas y el misil nuclear, como la cimitarra y la bandera al viento existen como objetos concretos: son material que no existía hasta que surgió en la mente la idea que los creó.

¿No será también el propio universo y la armonía de sus nebulosas, galaxias e infinitud una invención de la mente humana: hervor nervioso del cerebro, ese órgano biológico puramente material?

Al revolver el té la cucharilla forma en la taza un vórtice de aroma.

2/2/25

La maldición del maldecir



---A ti no se te ocurre más que echar maldiciones---. Se lo dice más en bien en broma.

---Es cierto. La verdad ---y esto va en serio--- es que no sé más que hablar mal de todo.

Razón tiene. Se podría decir que para él las cosas no han sido gratas. Sino, más bien, todo lo contrario. Pero jamás se queja. Maldecir le ha de parecer menos indigno que lamentarse.

---Aunque he tratado infinidad de veces de pensar positivamente, nunca he podido--- confiesa. ---No está en mí hacerlo. Me acosa la maldición del descontento.

---¿Me vas a decir que no es posible controlar lo que uno piensa?---interviene el que nada entiende.

---No es cuestión de voluntad.

---Claro que no. No es tan simple el asunto---sale en defensa del maldiciente quien también ha de saber muy bien por experiencia propia que no hay manera de no ser como somos---la voluntad poco puede ante el sentimiento que, a diferencia de la razón, rara vez se equivoca.

Por un rato ninguno de los cuatro dijo nada. 

Se habla de que el silencio aprueba.

El bufido de la cafetera y el tañido de alguna cucharita contra un plato parecieron dar paso otra vez al sonido amistoso de la plática.



26/1/25

Los domingos


 ---Nunca me han gustado los domingos---se lo dice a sí mismo, sentado a la mesa sin nadie en el café casi vacío.

De niño les tomó antipatía y ni siquiera ahora que lleva jubilado una sarta de años y los días de las múltiples semanas no tienen, ni necesitan nombre, dejan de disgustarlo. 

---Son días de iglesia obligada y aburrimiento---dice. Días de supuesto descanso colectivo. Días de familias tratando a duras penas de entretenerse.

Y además, nadie viene a la tertulia los domingos: a los abuelos se les exige ser abuelos en este día.